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CINE CLASICO…y más

Centauros del desierto, John Ford, 1956

TITULO ORIGINAL.- The Searchers
NACIONALIDAD.- EE.UU. (Warner Bross)
DIRECCION.- John Ford
ARGUMENTO.- Novela de Alan LeMay
GUION.- Frank S. Nugent
FOTOGRAFIA.- Winton C. Hoch
MUSICA.- Max Steiner
MONTAJE.- Jack Murray
INTERPRETES.- John Wayne (Ethan Edwards), Jeffrey Hunter (Martin Pawley), Vera Miles (Laurie Jorgensen), Ward Bond (Reverendo Samuel Clayton), Natalie Wood (Debbie Edwards), John Qualen (Lars Jorgensen), Olive Carey (Mrs. Jorgensen), Henry Brandon (Jefe Cicatriz), Hank Worden (Mose Harper), Harry Carey Jr. (Brad Jorgensen)
DURACION.- 119 minutos. 

 

CUATRO MIRADAS SOBRE UNA OBRA MAESTRA

1

     “Centauros del desierto” es una película mítica. Sobre ella se ha escrito y se ha dicho tanto que sería presentuoso tratar de decir cosas nuevas, pero mi intención es transmitir aquello que siempre me ha llamado la atención en ella.
Y es su arranque, despues del rótulo que nos anuncia que el director es John Ford, nos indica que estamos en Texas en el año 1868 y a continuación el plano se queda en negro y de manera mágica se abre una puerta que deja entrar la luz y se vislumbra la silueta de una mujer que sale de la casa y mira hacia el paraje exterior, un lugar en el desierto…un lugar en los límites del mundo.
Esta composición se repite en varios momentos al comienzo del film. Nos tratan de avisar sobre el tema de la película, que es una del oeste, pero que trata de un viaje iniciático desde el interior de la persona, que se expone a la intemperie del cambio y del enfrentamiento con la vida en su más cruda realidad. Hay una salida desde el corazón del hogar, donde todo está tranquilo y controlado, hacia un lugar exterior, lleno de peligros, de odios, de luchas, de venganzas, de incomprensiones. Así el personaje de Martin (Jeffrey Hunter), el muchacho que lleva sangre india en sus venas (no es puro como desea Ethan-John Wayne) encara un desolador tránsito hacia la madurez, trayecto que lleva a cabo desde la incansable búsqueda de Lucy y Debbie, enfrentándose a los comanches, y desde el enfrentamiento, que igualmente sostiene, con el odio y los sentimientos de su tío Ethan.
El planteamiento es, sin duda, extraordinario y su desarrollo no defrauda en ningún momento porque consigue delimitar el alma de cada uno de los personajes, no solo de los protagonistas, sino también cada uno de los secundarios, cuya aportación es imprescindible para integrar lo que se propone. Enfrentarse a la vida.
Al comienzo de la película podemos intuir determinadas cosas que han quedado pendientes en los personajes de Ethan, de Marta, de Aarón, del reverendo Samuel. Tantas cosas que viven en el interior de las personas y que no han tenido una resolución vital para su felicidad. Personajes que han sostenido sus luchas, que tratan de mantener sus ideales y convencimientos de manera audaz.
Es muy interesante los primeros momentos en los que se observa la relación de Marta con Ethan como si entre ellos hubiera habido algo más que una relación puramente familiar. Así el beso de Ethan en la frente, las miradas cómplices, las caricias de Marta al gabán de Ethan, con independencia de estar magnificamente filmados y representados en la historia, son una introducción de una gran profundidad lírica, que da buena razón, para un relato tan descarnado y virulento.
Igualmente son muy hermosos los momentos en que se perfila la relación entre Martin y Laurie, cuando ella lee su carta que le había escrito, llena de inmensa ternura, así como las escenas de la frustrada boda con Charlie, pelea incluida.
De gran valor también en este comienzo es la escena en la que el reverendo Samuel, en su papel de capitán toma juramento a Aarón y Martin, y la intervención posterior de Ethan, que deja claro que él no puede volver a prestar un nuevo juramento porque ya juró a los Estados Confederados de América, y declara el principio: “un hombre solo puede prestar un juramento en la vida” y le recuerda al reverendo que él también lo había hecho. Poco a poco todos los personajes abandonan el plano y queda solo el reverendo, solo consigo mismo. Este momento es muy revelador.
El nucleo de la historia es el ejercicio de búsqueda, de incansable búsqueda para alcanzar lo más hondo del ser humano.
Para aquellos a los que no le haga mucha gracia el western es importante que la vean porque les abrirá el apetito.

Derridajacques

 

CUATRO MIRADAS SOBRE UNA OBRA MAESTRA

2

  “Centauros del desierto es una de mis películas preferidas de John Ford. No sé si será la mejor de las muchas que hizo el viejo maestro, pero sí una de las más redondas, profundas y complejas. Dado que Derridajacques ha destacado otros aspectos de la película, por mi parte voy a centrar mi comentario en el personaje protagonista: el atormentado y desarraigado Ethan Edwards (John Wayne).

Para Ford, la película era “la tragedia de un solitario”. Pocos personajes tan bien definidos, tan ambiguos, tan complejos, tan ricos en matices en la filmografía fordiana como este Ethan Edwards, de quien nada sabemos al principio, aunque intuimos su oscuro y atormentado pasado, pero al que vamos conociendo a través de la generosa acogida que le dan los demás personajes en las primeras escenas y, posteriormente, en su comportamiento duro e inflexible en determinados momentos de sus diez largos años de búsqueda de su sobrina Debbie (Nathalie Wood) y búsqueda también -en este caso infructuosa- de sí mismo.

     El plano inicial, con la puerta que se abre para recibir a un cansado, tranquilo y respetado Ethan, que vuelve al “hogar” contrasta con la casi inmediata e impetuosa llegada de Martin (Jeffrey Hunter), el mestizo. Desde el principio, Ford pone la diferencia en el trato que ambos reciben en su vuelta a casa. En el primer caso, exquisito. En el segundo, indiferente. Para todos, Ethan es el “puro”, Martin, no. La hostilidad de Ethan hacia el “impuro” Martin no se modificará nunca a lo largo de toda la película. Al final, el impetuoso Martin ha conseguido madurar. Por el contrario, Ethan seguirá siendo la estrella errante y solitaria del inicio.

     Los diez años de búsqueda, en los que vamos viendo a un Ethan cada vez más escéptico, amargado y envejecido, no modifican en lo más mínimo el odio y desprecio que siente hacia los indios. De ahí sus reacciones viscerales interrumpiendo bruscamente el responso de los Edwards para salir a perseguir a los comanches, o disparando a los ojos del indio cuyo cadáver está semienterrado. De ahí también su reacción,  intentando matar a su sobrina Debbie, cuando piensa que “ha renegado de los suyos”. Algo parece cambiar en Ethan cuando, en su segundo encuentro, la levanta en sus brazos, como reconociéndola al fin, en una escena llena de sensibilidad y maravillosamente filmada.

     Y, sin embargo, al final, como en el plano inicial de la película, la puerta de la casa se abre y se cierra nuevamente sobre la imagen de un Ethan que se aleja nuevamente del “hogar” para continuar su vida solitariay desarraigada. Pocas veces -quizás nunca- encarnó John Wayne a un personaje tan implacable y torturado, tan poco simpático para el espectador y tan distinto a otros entrañables personajes fordianos como este Ethan Edwards

AnibalMinucio

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3

 John Ford creó con su cine un mundo mítico, lleno de héroes, pero éstos siempre fueron héroes de carne y hueso.

     Ethan Edwards representa el ser humano con toda la carga que este concepto tiene. Sus grandes virtudes, pero también sus miserias más inconfesables. Es complicado seguir a un personaje que en la historia tiene esos giros tan bruscos, de raices tan contradictorias. Pero sin lugar a dudas, creo que todos, en mayor o menor medida, podemos identificarnos con el “hombre” que lleva una carga marcada por el pasado, que tiene unas convicciones inamovibles, que le hacen perseguir la pureza, sin ser capaz de mirar a su alrededor, pero que al mismo tiempo deja traslucir un corazón tierno y lleno de sentimientos, lo vemos cuando le regala su medalla a la pequeña Debbie, su mirada perdida tras el lomo de su caballo cuando presagia la tragedia que va a ocurrir, cuando lleva en brazos a su sobrina (Natalie Wood).

     Ford logra un retrato de la vida y del hombre en esta película, como creo que se ha hecho en pocas. Consigue hacer un retrato de la soledad que todo hombre y toda mujer tiene que afrontar. Ahí comienza a forjarse el héroe, de carne y hueso. En ese espacio se construye el mito. Aquí querría hacer una referencia al incomparable marco de la historia, Monumental Valley, que ayuda mucho a transmitir todo esto.

     Quiero reiterar mi admiración por la economía utilizada por Ford en el arranque de esta película, en ella logra poner de relieve un montón de aspectos imprescindibles para encajar una trama muy compleja, desde una puesta en escena tremendamente eficaz, demostrando una vez más su gran maestría, que a estas alturas de su carrera es ya clasicismo. Al mismo tiempo creo que logra en esta película un tono lírico extraordinario, que no deja a nadie indiferente.

     Me alegra mucho compartir con Anibal la admiración por esta obra maestra y el retrato tan bueno que hace del personaje de Ethan.

Derridajacques

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4

Comparto con vosotros un gran aprecio por ésta película, no sólo de las mejores de Ford sino, por extensión, de las mejores películas del oeste que se han rodado nunca. No pasa el tiempo por ella. Ocurre, en mi opinión, que, cuando una obra (del tipo que sea) sale de las manos de su autor al mundo exterior, pasa a ser patrimonio de las personas que se encuentran con ella, que la contemplan con ojos propios y que ejerce sobre ellas distintas influencias en función de su estado de ánimo. Las intenciones (la mayoría de las veces atribuídas al creador sólo por la mente y los sentidos que no son los suyos) quedan así a disposición de sus receptores,  que las pueden interpretar en forma y fondo a través de numerosas lecturas. Esto, obviamente, sólo puede hacerse con obras del calado de ésta que nos ocupa, por ejemplo.

     “Centauros del desierto” es,  al contrario de la mayoría de las películas a las que se les buscaba un título español alejado de la traducción original, un título tan bueno como el suyo propio “Los buscadores” porque, esos años de búsqueda de la pequeña Debbie raptada por los indios,  los pasan en gran medida cabalgando a lomos de sus caballos a lo largo y ancho de una tierra desértica y bastante inhóspita, aunque parte de esa tierra sea de una belleza tan maravillosa como la del Monument Valley que, creo no equivocarme,  nunca se había fotografiado de forma tan hermosa y nunca había sido un auténtico protagonista de la historia como en ésta ocasión. Es curioso que Winton C. Hoch, que hace un gran trabajo de fotografía tanto en  interiores  como en exteriores, consiguiendo una extraordinaria luminosidad en las escenas sobre todo de Monument Valley, contrastando con los pétreos y erguidos picachos  y en las secuencias últimas de las dunas arenosas con el nítido azul del cielo, y siendo el fotógrafo de películas tan míticas como “La legión invencible” o “El hombre tranquilo”, no volviera a trabajar con Ford.

  Es también un giro en la obra de Ford y un nexo de unión entre la primera película suya universalmente conocida, “La diligencia” y la que rodaría unos años más tarde la, para mí,  “joya” de la corona del cineasta de origen irlandés “El hombre que mató a Liberty Valance”. Las tres interpretadas por John Wayne. Con “Centauros del desierto” acaba la épica militar entendida en su estricto sentido y las interminables cabalgadas del Séptimo de Caballería. Hay otro punto de vista. El protagonista pierde su áurea heroica para hacerse más humano y, también,  más solitario. Y la relación hombre-mujer. El hombre siempre torpe, ensimismado en sus historias, áspero e incluso brusco en ocasiones por falta de conocimiento. La mujer, orgullosa, leal, llevando la iniciativa, generosa (aquí, Laurie, aguanta esperas, le apoya, le da su mejor caballo a Martin para que siga a Ethan, a pesar de que desea por encima de todo que se quede a su lado para formar su hogar).

       Toda esa mezcla de acción, de sentimientos, de toques de su particular humor, de sutiles detalles como los que habéis aquí reseñado, los maneja Ford con una gran sabiduría, con una gran madurez y con una gran serenidad para conseguir una película medida, equilibrada, redonda. Todavía quedarían por venir al menos una docena de películas estupendas que pondrían un broche de oro a su carrera, pero eso será otra historia.

Dimarojo

 

20 agosto, 2017 - Posted by | EL WESTERN |

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