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CINE CLASICO…y más

La jungla de asfalto, de John Huston

La jungla de asfalto.

¿Qué se va a hacer contra la fatalidad? (“Doc” Edwin Reindenschneider en “La jungla de asfalto”)

Esa frase podría resumir en cierta manera la filosofía de John Huston, uno de los directores con más personalidad del cine americano. Empezó fuerte con su primera película “El halcón maltés” y después, con altibajos, fué pergeñando una de las filmografías más atractivas que se pueden encontrar. Esta película, por otra parte, es uno de los ejemplos más claros de lo que se puede hacer con un buen guión: hacer una película modélica en su género, con un John Huston, además, en estado de gracia.

No hay resquicios, nada sobra (si acaso el añadido del discurso final del comisario Hardy, que más bien parece una imposición para suavizar la dureza de la historia, pero que no desmerece en definitiva), todo está medido, concatenado. La presentación de los personajes. El tratamiento del guión, -la planificación y ejecución de un robo de joyas en el transcurso del cual el disparo fortuito de un vigilante hiere a uno de los atracadores y todo empieza a ir a peor para ellos-, la  fotografía, la música, la ambientación, la maravillosa interpretación coral, como formando y cerrando un círculo perfecto. Claro que los personajes están perfectamente trazados, definidos, y los diálogos están pegados a la piel de cada uno de ellos. Y por ello son tan convincentes. Como ya es habitual en Huston, ésta es una película de perdedores, de seres perseguidos por esa fatalidad que les golpea con fuerza y que les deja poco margen para reaccionar y levantarse. Están predestinados al fracaso. Como Daniel Dravot y Peachy Carnehan en “El hombre que pudo reinar” o el Billy Tully de “Fat City”, dos de las películas que más me gustan de Huston.

Decir que Sterling Hayden borda su papel o que Sam Jaffe está asombroso en el suyo no es exagerar. Como Louis Calhern, que ese mismo año repetiría otro papel canalla en uno de mis westerns favoritos “La puerta del diablo”, de Anthony Mann, y Jean Hagen, James Whitmore, Marc Lawrence y el resto hasta llegar a Marilyn Monroe, en sus principios como actriz -muy joven y guapa-. La planificación se ajusta a la acción y a sus tiempos de modo que apenas te deja respirar y está apoyada en una excelente fotografía del prestigioso Harold Rosson. En resumen, una película redonda, que hace que ocupe un puesto de honor en la historia del cine negro.

José Díaz-Manresa

 

FICHA TECNICA.- Producción: Arthur Hornblow , 1950, para Metro Goldwyn Mayer.- Dirección: John Huston (05/08/1906-28/08/1987).- Argumento: la novela de William R. Burnett.- Guión: Ben Maddow, John Huston.- Fotografía: Harold G. Rosson.- Música: Miklòs Ròzsa.- Montaje: George Boemler.- Intérpretes: Sterling Hayden (Dix Handley), Louis Calhern (Alonzo D. Emmerich), Jean Hagen (Doll Conovan), James Whitmore (Gus Minissi), Sam Jaffe (“Doc” Edwin Reindenschneider), John McIntire (comisario Hardy), Marc Lawrence (Cobby), Barry Kelley (teniente Ditrich), Anthony Caruso (Louis Cianelli).- Duración: 112 minutos.

 

28 agosto, 2016 Posted by | CRITICAS | | Deja un comentario

Nuestra hermana pequeña, de Hirokazu Kore-eda

Derridajacques

Nuestra hermana pequeña

Es muy interesante la historia que nos plantea Kore-eda en su última película Nuestra hermana pequeña. Sorprende un relato de cine japonés en que las mujeres ocupan todo el espacio, relegando a los hombres a papeles adyacentes. De alguna manera el autor quiere destacar cómo han cambiado las cosas. Este director, al que los críticos relacionan con Yasujiro Ozu, pone de relieve las consecuencias que el paso del tiempo tiene. Aborda la dicotomía entre tradición y modernidad tan presente en los destacados creadores japoneses, Ozu y Mizoguchi, y reivindica una realidad incontestable. Quizás se entretiene, en ocasiones, acentuando en exceso sentimientos que subrayan el melodrama, pero propone cosas de mucho valor, reivindicando a la mujer como protagonista de su propia vida.

Me parece muy significativa la imagen de las chicas subiendo una cuesta exigente para llegar a la casa, es una excelente metáfora del itinerario que tienen que seguir para exigir su espacio. Destacaría también la presencia del árbol, que plantó la madre ausente, en el jardín de la casa familiar y que sigue dando frutos, aunque, en el presente se perciben los cambios producidos en éstos por el paso del tiempo. Siempre sirvieron para macerar en licor y proyectar los distintos sabores que la vida tiene en cada momento.

Kore-eda hizo dos grandes películas, que de alguna manera te encogen el corazón, Nadie sabe (2004) y Still walking (2008) y otra de tono más cercano a la comedia Kiseki (Milagro) (2011), las tres tienen alguna presencia en Nuestra hermana pequeña. El abandono de la madre a sus hijos, la cultura funeraria en el entorno tradicional de la familia y el divorcio que termina separando a los hermanos, respectivamente. La presente podría ser una relectura de su filmografía anterior, en la que propone una revisión de sus preocupaciones, buscando nuevos cauces, que ayuden a explicar lo que nos pasa y cómo nos hace sentir.

Kenji Mizoguchi en su película Cuentos de la luna pálida de agosto (1953) pone a uno de los protagonistas ante la realidad de haber perdido a su mujer, convertida en un fantasma. Kore-eda pienso que propone que la realidad de esas mujeres no es etérea sino de carne y hueso.

FICHA TECNICA.- Productor: Minami Ichikawa, 2015.- Guión: Akimi Yoshida, Hirokaza Kore-eda.- Fotografía: Mikiya Takimoto, color.- Música: Yòko Kanno.- Montaje: Hirokazu Kore-eda.- Intérpretes: Haruka Ayase (Sachi Kôda), Masami Magasawa (Yoshino Kôda), Kaho (Chika Kôda), Suzu Hirose (Suzu Asano), Ryô Kase (Yoshimi Sakashita), Ryôhei Suzuki (Dr. Yasuyuki Inoue).

 

26 agosto, 2016 Posted by | CRITICAS | | Deja un comentario

Wichita, de Jacques Tourneur

 

WICHITA
Wichita
Wichita
                    Jacques Tourneur, 1955                        
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     Un episodio de la vida de Wyatt Earp, poco antes de convertirse en el sheriff de Dodge City y de protagonizar, en Tombstone, el famoso duelo en el O.K. Corral con los Clanton, inmortalizado por John Ford en su admirable “Pasión de los fuertes”. Ignoro si los hechos recogidos aquí tienen alguna base histórica, o se trata simplemente de aprovechar un nombre que cualquier aficionado al cine del Oeste recuerda. Lo cierto es que tampoco Ford fue excesivamente fiel a la historia. En cualquier caso, la película de Jacques Tourneur funciona exactamente igual, al margen del nombre de su protagonista.
     El propio Tourneur definía, en una entrevista, allá por los años 60, el sentido y la idea de la película: “Unos hombres que conducen el ganado durante meses y que se pasan mucho tiempo antes de poder beber un trago. Y cuando por fin pueden hacerlo, beben demasiado y lo rompen todo. Y es real. En aquella época ocurría exactamente así” (“Presence du cinema”, otoño 1966).
     Y “Wichita” es verdaderamente eso: el proceso de restablecimiento del orden, en una ciudad a la que acaba de llegar el ferrocarril, y que quiere prosperar a costa de los ingresos que consigue con la presencia de los ganaderos, pero con la contradicción de que no quiere sufrir los problemas de orden público derivados de los excesos que el alcohol provoca en quienes visitan Wichita. Ganaderos que se dejarán, en cualquier “saloon” de la ciudad y en muy poco tiempo, su paga, para la que han estado trabajando antes durante mucho tiempo. Filosofía que, de forma muy gráfica, se expresa en los carteles de las diligencias que llevan a la ciudad a las prostitutas y que Wyatt Earp contempla, con curiosidad, al inicio de la película: “Todo vale en Wichita” o “Vino-Mujeres-Wichita”.
     Las contradicciones de la ciudad son rápidamente resueltas por Earp, que si bien en principio declina la invitación para convertirse en sheriff, acepta posteriormente, una vez que el primer desorden provoca la muerte de un niño de cinco años. Earp impondrá su criterio de orden y resistirá, contra viento y marea, las presiones de las “fuerzas vivas” de Wichita para “suavizar” su decisión de no permitir el uso de armas de fuego dentro de la ciudad. No sin dificultades, y con la ayuda de sus dos hermanos, Wyatt Earp partirá, una vez conseguidos sus objetivos, hacia su próximo destino: Dodge City.
     “Wichita”, queda a medio camino entre el western de primera fila y el de serie B. Aunque, en principio, no parece que Jacques Tourneur tuviera excesivos problemas para rodarla en sólo 25 días. Al margen de un guión muy bien construído (como curiosidad, Sam Peckimpah fue director de diálogos de “Wichita”, seis años antes de su memorable “Duelo en la Alta Sierra”), Tourneur contó con la garantía de un actor tan identificado con el western como Joel McCrea y con una utilización verdaderamente espléndida del entonces reciente “Cinemascope” (sistema que, curiosamente, Jacques Tourneur defendía a capa y espada).
     Lo cierto es que “Wichita” queda, para la historia, como una buena defensa del Cinemascope, en unos años en que muchos criticaban las dificultades o defectos de la pantalla ancha, porque el partido que Tourneur sacó del sistema es verdaderamente extraordinario. Ademas, en la película no abundan las praderas, ni los espacios abiertos: es más bien un western de ciudad y de interiores, pero en el que Tourneur nos sorprende, como casi siempre, con su habitual buen gusto en la composición de la imagen y su elegancia en el movimiento de cámara o en la manera de situar a los personajes en el plano, con independencia de que el film sea en color o blanco y negro, en pantalla pequeña o panorámica.
     Por lo demás, solo queda destacar la espléndida fotografía en technicolor de Harold Lipstein”. Tourneur solía sacar un gran partido a la utilización del color: tonos suaves logrados mediante efectos de iluminación y con los que conseguía imágenes de una gran belleza pictórica que fue su “marca de la casa”, incluso en sus films menos inspirados. Y recordar la balada “Wichita”, interpretada por Tex Ritter en los títulos de crédito y al final, que establece el tono, simpático y relajado de la película.
ANIBALMINUCIO
FICHA TECNICA.- Producción: Walter Mirisch para Allied Artists Pictures.- Guión: Daniel B. Ullman.- Fotografía: Harold Lipisten, en Cinemascope y Technicolor.- Música: Hans. J. Salter.- Montaje: William Austin.- Intérpretes: Joel McCrea (Wyatt Earp), Vera Miles (Laurie McCoy), Lloyd Bridges (Gyp Clements), Wallace Ford (Arthur Whiteside), Edgar Buchanan (Doc Black).- Duración: 81 minutos.

24 agosto, 2016 Posted by | CRITICAS | | Deja un comentario

Dersu Uzala, de Akira Kurosawa

Dersu

Si la tan extensa como magnífica filmografía de este director no nos abrumara, bastaría sólo con esta película para justificarle como director de cine y como ser humano. Por su sobriedad, por su sabiduría, por su belleza intrínseca, por su defensa de la naturaleza y de todos los seres vivos que la pueblan, por su exaltación de la amistad. No es tan frecuente en los artistas que la madurez les aporte la enorme serenidad de la que Kurosawa hace gala en este film. Y es esa serenidad la que consigue crear una película sencilla en su historia y profunda al mismo tiempo, en tanto en cuanto se entienda la profundidad por un estricto sentido ético de la vida, basado en el máximo respeto a todos los seres vivos.

Dersu es un personaje consecuente con su vida, y también con su ocaso y con su muerte. Más que un personaje diría que es un ser humano real que aparece, como en un juego de malabarismo, en la oscuridad de la noche diciéndoles a los soldados a los que más tarde acompañará en sus trabajos de topografía. “No disparéis. Yo soy gente”. Tan escueta y tan mágica resulta su aparición. Pero el personaje se va arropando, fundamentalmente, con su manera de moverse y de actuar. Y se va arropando con pequeños diálogos y con aseveraciones de una aplastante lógica, fruto de su sentido de la observación y de su experiencia (de los que depende su supervivencia en un medio bastante hostil). Hasta crecer. Hasta hacerse grande.

Para contar esta historia tan llena de humanidad, Kurosawa se sirve de una planificación extraordinariamente efectiva, concisa, bella, dando a cada plano la duración que requiere hasta agotar su sentido. Los que requieren casi un plano secuencia, largos. Los de transición hacia otra secuencia, breves. Cuando necesita ser descriptivo, mueve la cámara con elegancia. Cuando necesita escrutar a sus personajes, la deja quieta, fija; de modo que va construyendo e hilvanando sus secuencias con una gran sabiduría cinematográfica, aportando a la historia un valor añadido no sólo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Especial mención merece por su belleza y su significado la secuencia en la que Dersu y el capitán Arsenev construyen un cobijo a base de ramas y espigas para evitar morir congelados en la tundra. Contra lo que algunos piensen, no es una película lenta, es una película pausada. Sus secuencias (partiendo de un flashback) se suceden con la pausa con la que unos meses suceden a otros y unas estaciones a otras estaciones.

Mientras vive en la naturaleza Dersu domina la situación, se sirve de ella sin esquilmarla. Cuando, en su ocaso, se enfrenta a la civilización, es él el esquilmado, por la falta de adaptación y por la codicia de sus semejantes, sin ninguna duda peores depredadores que el tigre que reina en la taiga.

Hay que agradecer a Kurosawa su maestría, y a Dersu sus consejos, su comportamiento, su sentido de la amistad, agradecerle el ser “buena gente”.

José Díaz-Manresa

FICHA TECNICA.- 1975.- Argumento: Novela de Vladimir Arsenev.- Guión: Akira Kurosawa, Yury Nagibin.- Fotografía: Fyodor Dobionrarov, Yury Gantman, Asakazu Nakai, en Sovcolor.- Música: Isaac Shvarts.- Montaje: Valentina Stepanova.- Producción: Yorchi Matsue.- Intérpretes: Yuri Solomin (Arsenev), Maksim Munzuk (Dersu Uzala), Mikhail Bychkov, Vladimir Khrulev, Vladimir Lastochkin, Stanislav Marin.- Duración: 144 minutos.

 

24 agosto, 2016 Posted by | CRITICAS | | Deja un comentario

Mi tío, de Jacques Tati

                                                                                                         MI TIO

                                                                                                de Jacques Tati

                                                                                          Francia-Italia, 1958

Amar la buena vida

Cuantas veces hemos oído decir, o hemos dicho, o nos han dicho: “Desde luego éste vive en su mundo”. Suele ser una expresión que lleva consigo una carga crítica, referida a que determinada persona no está implicada en aquello que resulta efectivo socialmente. Sin embargo habría que preguntarse, y quién no lo hace? Es posible vivir en otro mundo que no sea el propio?

El Sr. Hulot es la persona que tiene todas las papeletas para ser acusado de “vivir en su mundo”. Es un hombre que podríamos tachar de inconsciente, de no ser capaz de ver la trascendencia de lo que le rodea, de no captar cómo sus actos pueden influir de manera ridícula en el devenir del cosmos. Él sencillamente se deja llevar, vive la vida y ama la buena vida, habita un mundo sencillo y al tiempo de aislamiento complejo, podría decirse que de un pacífico ensimismamiento.

Este mundo se representa en un lugar lleno de rincones suburbiales en los que la charla y el coloquio asaltan lo cotidiano del mercado, donde el irremediable encuentro aporta sentido a la vida. Es una forma de estar frente a la soledad, de ser en la soledad estoica e inocente del niño que se aburre sin agobio o del adulto que deambula sin fe, ajeno al bullicio estéril, reparando en cosas pequeñas y emocionantes, dentro de un engranaje perfecto, como parcelas estancas y minúsculas de tiempo y de vida.

Mundos contrapuestos y fronteras

Jacques Tati dirigió “Mon Oncle” en 1958, confrontando a su protagonista, que él mismo interpretaba, con la dualidad de mundos contrapuestos. Lo representa con gran acierto en la escena inicial cuando unos perros callejeros deambulan por las calles del barrio rebuscando entre los cubos de basura. Uno de ellos, Dackie, el que lleva su chaleco rojo, no es un perro de la calle, tiene dueño y con presteza según amanece corre junto a los demás de regreso a su casa, ese lugar cerrado al que tiene que colarse por una rendija. Una valla ruinosa representa la frontera entre los dos mundos, una vez que la cruzamos los perros encuentran un lugar muy diferente, lleno de indicativos, de señales, de normas. El cine de Tati a simple vista parece deslavazado y anárquico, pero sus películas están bien pautadas, nada se deja a la improvisación. En la película la sociedad de los perros es la imagen de la sociedad de los hombres.

El Sr. Hulot vive en los dos mundos, no tiene problema cada día en cruzar la frontera física que los separa, para ir a buscar al colegio a su sobrino Gerard y llevarlo hasta la casa lujosa de los Sres. Arpel, sus padres. El personaje siempre fiel a sí mismo, adopta idéntico comportamiento en ambos mundos. Aquellos entre los que transita de manera consciente, procurando un sorprendente orden imaginario, que curiosamente hace patente, cuando al pasar coloca con mucho cuidado el guijarro que ha caído de la ruinosa pared fronteriza, en un ejercicio de comunicación natural con la vida que le rodea.

Orden, productividad, laberinto y divergencia.

En la relación entre Hulot y el niño, Jacques Tati teje la urdimbre de la contaminación y la mezcla, como acción perversa y saludable al tiempo. Así nos propone una crítica al exceso de ordenación, del mundo en que el confort diseña un ambiente despersonalizado y la felicidad aparece como programada en un conjunto de caminos predeterminados. Todo está medido y previsto, no falta de nada, pero de la misma forma resulta profundamente frío y por ende cómicamente ridículo.

Hay un fuerte contraste entre la casa de los Arpel y el edificio en que vive Hulot, en él podemos intuir el recorrido laberíntico que el protagonista sigue escalera arriba, escalera abajo, con vueltas y revueltas inverosímiles y poco eficientes. Sin embargo todo se colma al entrar en la casa y abrir la ventana dejando que un rayo de sol se refleje sobre la jaula del canario que inmediatamente comienza a cantar. Esto llena el espacio de un calor completamente desconocido en casa de los Arpel.

Se deja entrever así en la historia una reivindicación de la divergencia, en una sociedad en la que las personas tienen una gradual pérdida de contacto con sus objetos y con los procesos que nos relacionan. Pone así de manifiesto una crítica a la mecanización, a la deshumanización y pérdida de sensibilidad que lleva consigo. Es muy cómica la escena de la película, en que Hulot, que por fin empezó a trabajar en la fábrica del Sr. Arpel, cuida de la manguera que sale de la máquina, cuando de manera inopinada y ante la distracción del protagonista, comienza a sacar el producto de manera irregular, con formas distintas a las homologadas para un producto elaborado según las normas, generando una auténtica catástrofe productiva. Esta creatividad que rompe con lo lineal, parece que está reñida con la producción en cadena que procura grandes beneficios económicos si, pero que se tiñe de una frialdad bastante insoportable.

Cuántas cosas se ponen de relieve en el barrendero que no pierde oportunidad de comentar con todos los viandantes cuanto se le ocurre y tiene eternamente pendiente el montón que ha de recoger con su escoba, abordado una y otra vez.

Estereotipos de la felicidad

Hulot representa la alegría de vivir, puede calificarse como el paradigma de la desorganización y del despiste. Su imagen es desgarbada y desastrosa. Su hermana expresa en un momento dado: “lo que necesita es una meta, un hogar (en referencia a casarse), necesita esto”, señalando todo el confort que les rodea, en clara referencia a un estereotipo de la felicidad.

Pero en realidad a Hulot lo que le sobra es felicidad, está lleno de vida. Hace feliz a su sobrino Gerard, cada vez que lo lleva a pasear o cuando regresan del colegio. Es en esos momentos en los que el niño vive y se relaciona con libertad, cuando éste puede llevar a cabo las cosas propias de su edad, engullir dulces, o bien gastar bromas y jugar con otros niños, viviendo así una ceremonia iniciática en el que su tío es el agente liberador.

La imagen de Hulot con el niño cogido de la mano es la metáfora de la transmisión que se produce en estos encuentros y al tiempo representa la contaminación de costumbres y puntos de vista que le aporta. Sus padres no paran de protestar cuando el niño regresa lleno de suciedad, inmediatamente ha de meterse en la ducha para reestablecer la limpieza. Entre padre e hijo no existe contacto físico visible en la película y sin embargo es curioso constatar los perversos efectos del mestizaje que Tati pone de relieve al final de la película cuando de manera sorprendente ambos juntan sus manos en una escena llena de complicidad, en la despedida del tío Hulot.

Esta contaminación de la que hablamos se pone de manifiesto de una manera muy cómica en otra escena que se desarrolla en el despacho de la fábrica. Los directivos quieren ponerse en contacto con Hulot para ofrecerle trabajo y le llaman al único teléfono en que pueden localizarle, un teléfono público que hay junto al mercado. Sin darse cuenta la línea se queda enganchada y posteriormente, cada vez que levantan de nuevo el auricular para hablar, irrumpe de manera irreverente el bullicio de la calle en el santuario de la perfección y del orden económico.

Tati nos lanza un mensaje subliminal en la película, cuando los Sres. Arpel al finalizar su jornada de trabajo se sientan cómodamente a mirar la televisión y entonces sale un rótulo que les dice “Reflexionen Vds.”

Pues eso, ahí queda todo dicho.

DERRIDAJACQUES

Dirección: Jacques Tati.- Guión: Jacques Tati, Jacques Lagrange, Jean L´Hôte.- Fotografía: Jean Bourgoin.- Música: Franck Barcellini, Alain Romans.- Montaje: Suzanne Baron.- Producción: Francia, Italia, 1958.- Intérpretes: Jacques Tati (monsieur Hulot), Jean-Pierre Zola (Charles ArpProducción:el), Adrienne Servantie (madame Arpel), Lucien Frégis (monsieur Pichard), Betty Schneider (Betty), Jean-François Martial (Walter), Dominique Marie (Neighbor), Yvonne Arnaud (Georgette), Adelaide Danieli (madame Pichard).- Duración: 120 minutos. 

12 enero, 2011 Posted by | CRITICAS | | Deja un comentario